Fundación Niño y Cáncer: el trabajo silencioso y vital por el cáncer infantil en Chile

La Fundación Niño y Cáncer surgió con la misión de acompañar integralmente a menores con cáncer y leucemia, cubriendo aspectos que quedan fuera de la atención hospitalaria. Su labor se ha expandido a lo largo de más de 30 años, consolidándose en áreas fundamentales como alojamiento, apoyo académico y actividades para mejorar la calidad de vida de los niños.

Uno de los pilares de su trabajo son los 21 departamentos de acogida ubicados en Santiago y Concepción, donde las familias pueden vivir durante los meses o incluso años que dura el tratamiento. “Tenemos 21 departamentos. Son 17 acá en Santiago y otros 4 en Concepción… Lo demás es completamente gratis, con los departamentos completamente equipados”, detalla Valeska.

Estas viviendas permiten que los cuidadores mantengan una rutina digna: espacios propios, privacidad, un ambiente más cálido que una sala común y la tranquilidad de permanecer cerca del hospital. Las familias solo deben costear servicios básicos; el resto es cubierto por la fundación.

A esto se suman las becas de estudio, destinadas a niños y adolescentes que superaron la enfermedad y necesitan apoyo para continuar su educación. “Contamos con becas de estudio para los niños que tuvieron cáncer y necesitan integrarse a la sociedad”, señala Torres.

La fundación también da soporte a los equipos médicos, entregando becas de especialización a profesionales del área oncológica infantil, fortaleciendo la calidad del tratamiento que reciben los pacientes en todo el país.

La historia de Valeska dentro de la fundación es también un reflejo del espíritu solidario que mueve a la organización. Profesora de Educación Física y ex basquetbolista profesional, llegó por casualidad a una actividad del Día del Niño en el Hospital Roberto del Río. Ese encuentro lo cambió todo.

“Veo a niños tan pequeños con cáncer, luchando por su vida. Ellos me entregaban más de lo que yo quizás les entregaba a ellos”, recuerda.

Desde entonces comenzó a participar como voluntaria en múltiples actividades, desde zumba hasta acompañamiento en oncología. “Cada vez que voy ahora es el 200% para los niños, de la energía”, relata. Esa dedicación la llevó, años después, a asumir la gerencia de la Fundación tras la enfermedad del anterior director. Hoy lidera un equipo pequeño, pero profundamente comprometido:

Somos súper poquitos en la Fundación. Está el directorio, la coordinadora de los departamentos, la secretaria, la señora que nos ayuda con el aseo y yo, además del voluntariado”.

El trabajo no está exento de dificultades. La principal es la que afecta a toda organización sin fines de lucro: los recursos, “claramente lo más difícil siempre son los fondos. Poder recaudar dinero para seguir ayudando”, reconoce.Aun así, han logrado sostener actividades emblemáticas como la Tallarinata, su evento anual más grande, que este año reunió a más de 400 asistentes y recaudó 16 millones de pesos.

El aumento de diagnósticos de cáncer infantil ha tenido un impacto directo en la fundación. “Muchas veces tenemos lista de espera para ocupar los departamentos. Es súper complejo porque ningún tratamiento dura menos de 6 meses”, explica Gutiérrez.

También desarrollan su campaña anual de cenas navideñas, entregando gift cards a familias recién diagnosticadas o que enfrentan recaídas, “sabemos que cuando te diagnostican cáncer, no solo se enferma el paciente, sino toda la familia”, enfatiza. Pese al escenario desafiante, la fundación mantiene una consigna clara: seguir acompañando a cada niño con calidez, dignidad y oportunidades.

“Cualquier persona o empresa que quiera colaborar lo puede hacer. Toda la información está en la página y nosotros estamos acá de lunes a viernes contestando siempre”, invita Valeska.