El exministro de Salud y pediatra comparte su experiencia en la creación del Plan Auge y reflexiona sobre los avances y desafíos en la atención del cáncer infantil en Chile.

Osvaldo Artaza, pediatra y exministro de Salud durante el gobierno de Ricardo Lagos, fue una de las figuras clave en la implementación del Plan Auge (hoy GES), una política que marcó un antes y un después en el acceso a la salud en Chile. Desde su rol, fue protagonista de la inclusión del cáncer infantil dentro de las garantías explícitas, un hito que transformó el tratamiento de esta enfermedad en el país.
En esta conversación, Artaza repasa cómo era la atención antes del Auge, las brechas de inequidad que existían y los avances logrados hasta la actualidad. Además, entrega su mirada sobre los desafíos que aún persisten para garantizar diagnósticos más tempranos, tratamientos oportunos y un acompañamiento integral a las familias afectadas.
Artaza y los inicios del Plan Auge
Osvaldo Artaza recuerda los primeros pasos del Plan Auge en 2002, cuando se incorporaron patologías críticas como la leucemia linfoblástica infantil. Ese fue el comienzo de una política que cambió la manera de entender la salud como derecho y no como privilegio.
– Doctor Artaza, en su época como ministro, ¿cómo se abordaba el tema del cáncer infantil en Chile, desde el punto de vista del Estado?
– Fundamentalmente dependía de la capacidad de oferta, o sea, la capacidad instalada del equipamiento de recursos humanos existentes en los establecimientos. No existía una política pública de abordaje integral al cáncer infantil. Y por lo tanto, además de que había muchas brechas de acceso, había también muchas inequidades… Eso fue un cambio muy importante y justamente uno de los padecimientos con que se empezó fue el cáncer infantil.
– Y antes de eso, ¿cómo se manejaba el tratamiento y todo lo que se trataba de cáncer infantil en cuanto a las políticas y ayudas?
– El piloto del Auge partió en el 2002 justamente con tres problemas:la insuficiencia renal, las cardiopatías congénitas de los niños y la leucemia linfoblástica. Luego, cuando ya se empezó la implementación oficialmente en julio del año 2005, se empezaron a incorporar gradualmente el resto de los cánceres de los niños. Antes se trataba sólo si había recursos. Entonces, a algún niño le tocaba, a otro no le tocaba. Y eso era muy injusto, especialmente para los niños que tenían menos recursos o que vivían lejos de Santiago.
Osvaldo Artaza: avances y diferencias del cáncer infantil en Chile
El exministro Osvaldo Artaza enfatiza que hoy existe una red más sólida de detección y tratamiento, con derivaciones al sector privado cuando el sistema público se ve sobrepasado. Sin embargo, advierte que no todos los cánceres tienen un buen pronóstico y que persisten desafíos, especialmente en acelerar diagnósticos y acortar tiempos de atención.
– ¿Qué diferencias ve usted en el pasado con el presente, tanto en el tema de diagnósticos, tratamientos y también con el tema del Auge, con la salud pública y privada?
– Hoy en todo el país existe un programa de detección de los cánceres infantiles que permite más precozmente darse cuenta y existe toda una red de establecimientos en el sector público y también, cuando el sector público se ve sobrepasado, con derivaciones al sector privado para realizar el tratamiento en los tiempos exigidos por la ley. Evidentemente, no todos los niños se salvan, porque va a depender del tipo de cáncer. Hay cánceres que tienen un pronóstico mejor, otros no tanto. Pero en general, los tratamientos para el cáncer de los niños han avanzado muchísimo en los últimos años.
– En ese entonces, cuando cuenta que comienza el Plan Auge enfocado con el tema del cáncer infantil, ¿cómo era la capacidad del sistema público para tratar estos temas?
– La capacidad era muy limitada. Entonces, justamente en esa época, con la creación del régimen de garantía, se produjo un gran aumento de la capacidad. Para volver a la leucemia linfoblástica, no solo que todos los niños pudieran disponer de quimioterapia, sino que además apareció el trasplante de médula como una gran solución para los niños que tenían recaída. Eso hizo que muy pocos niños no salieran adelante frente a un cáncer de la sangre, que es el más frecuente de los niños.
Osvaldo Artaza y su mirada hacia el futuro en el cáncer infantil en Chile
– ¿Qué cree usted que está pendiente todavía para garantizar una buena atención médica a los diagnosticados con cáncer infantil?
– Aunque Chile está más avanzado que otros países de la región, el exministro Osvaldo Artaza asegura que el gran reto sigue siendo descentralizar la atención. Fortalecer centros regionales y humanizar aún más el proceso son, según él, las tareas pendientes para garantizar que ningún niño ni familia se sienta desprotegido.
Yo creo que el tema va en ganar tiempo. El gran desafío en Chile es lograr diagnósticos más oportunos aún y acortar los tiempos entre el diagnóstico y el inicio de los tratamientos. Chile está muy avanzado con respecto a los demás países latinoamericanos y ahí fue un gran avance el régimen de garantía explícita. Pero siempre se puede mejorar: en apurar el diagnóstico, acortar los tiempos de tratamiento y mejorar el acompañamiento a la familia.
– Si usted hoy en día estuviera nuevamente en la labor de ministro, ¿qué le gustaría implementar para avanzar en este tema?
– Yo lo que haría es fortalecer algunos centros regionales. Todavía está muy concentrado en Santiago, en hospitales como el Calvo Mackenna, el Exequiel González Cortés o el Roberto del Río. Ya se están haciendo tratamientos en Valdivia, Concepción, Puerto Montt, etc., pero evidentemente ahí hay un desafío para que las familias no tengan que viajar tanto.
– ¿Y qué diferencia principal ve entre el cáncer infantil y el cáncer de adulto?
– Son distintos cánceres. En los niños, el gran causante suele ser de base genética. En cambio, en el adulto es muy fuerte el peso del modo de vida, los estilos de vida: tabaco, exposición al sol, carcinomas de piel, entre otros.

El rol de las familias y el acompañamiento en el cáncer infantil
El cáncer infantil no solo impacta al paciente, sino a todo su entorno. Artaza destaca el fortalecimiento de equipos psicosociales y casas de acogida que permiten a las familias enfrentar la enfermedad con apoyo humano y profesional.
– En ese entonces, ¿el rol del Estado tenía algún acompañamiento económico y alguno más emocional también para las familias?
– Cada vez hay más apoyo. En la mayoría de los hospitales pediátricos de Chile existe todo un sistema de apoyo a las familias. Hay casas de acogida, equipos psicosociales que acompañan a la familia, y por lo tanto eso ha avanzado muchísimo, para que el niño y la familia no se sientan solos o desprotegidos.
– Doctor Artaza, ¿a usted alguna vez le tocó algún paciente con diagnóstico de algún tipo de cáncer?
– Me tocaron muchísimos. Yo estuve en el Calvo Mackenna muchos años. Y el Calvo Mackenna fue el principal centro de atención de cáncer infantil. Así que me tocó muchísimas veces acompañar a familias, recibirlas, escucharlas. Sé perfectamente lo que es.
– ¿Cómo fue su experiencia en el Hospital Calvo Mackenna?
– Fue ser pionero en desarrollar no solo nuevos tratamientos, como el trasplante de médula, sino además generar un equipo médico-psicosocial muy potente, capaz no solo de tratar a los niños, sino también de acompañar a la familia y hacer más soportable ese trance. A mí me tocó vivir la época en que se desarrolló un equipo muy fuerte, con médicas como la doctora Milena Villarreal y la doctora Julia Palma, que trabajaban full time en el hospital.