La doctora Milena Villarroel habla sobre los avances que ha tenido el país debido a los programas que se han instaurado, de lo importante que es el diagnóstico precoz, y cómo la salud pública se mezcla con la privada por el bien de los niños.

La Dra. Milena Villarroel es una hemato-oncóloga infantil con 37 años de experiencia en el Hospital Luis Calvo Mackenna, donde se desempeñó como jefa de unidad hasta su reciente retiro en abril de 2025. Ha mantenido su vínculo con la docencia y actividades científicas a través de la Universidad de Chile. La doctora ha participado activamente en iniciativas nacionales e internacionales junto a la doctora Julia Palma, como el grupo PINDA (Programa Infantil Nacional de Drogas Antineoplásicas), que ahora es la Comisión Asesora de Cáncer Infanto-Adolescente del Ministerio de Salud, en la que ha colaborado por más de 20 años.
A nivel internacional, es la presidenta del Grupo Latinoamericano de Oncología Pediátrica y asumirá la presidencia de la Sociedad Latinoamericana de Oncología Pediátrica en octubre. Su basta experiencia es útil para comprender el impacto que tiene el diagnóstico, y las herramientas que tienen las familias para avanzar y ser respaldados en este proceso.
Cobertura del GES y evolución del tratamiento
– ¿Por qué el sistema de salud diferencia los tratamientos para el cáncer infantil y el de adultos, como se ve en el GES?
– Al ser un grupo de pacientes mucho más pequeño, es más sencillo financiar los tratamientos de manera adecuada. Además, a nivel mundial, las estrategias de tratamiento para el cáncer infantil están muy bien establecidas, lo que las hace más predecibles y costo-efectivas.
Es importante mencionar que se está explorando la posibilidad de aumentar la edad de cobertura pediátrica hasta los 19 años en el nuevo Plan Nacional de Cáncer. La evolución del diagnóstico y tratamiento en Chile ha sido notable gracias al PINDA, que se creó en 1988. Partimos con un presupuesto muy pequeño y, con el tiempo, hemos logrado construir una red de 13 centros a lo largo del país. Esta red nos ha permitido establecer un trabajo protocolizado y constante, que evaluamos anualmente. El Registro Nacional de Cáncer Infantil (RENCI) nos ha dado la posibilidad de seguir la evolución de las cifras de curación, que reflejan en gran medida el impacto del sistema público, donde se trata más del 80% de los casos.
– ¿Cómo ha evolucionado el diagnóstico y el tratamiento del cáncer infantil en el país en los últimos años?
– El diagnóstico y tratamiento han evolucionado significativamente, impulsados por el programa PINDA, creado en 1988. Se ha establecido una red de 13 centros a lo largo del país, lo que ha permitido una atención más organizada. La implementación del Registro Nacional de Cáncer Infantil (RENSI) ha sido clave para monitorear las cifras, con una tasa de sobrevida del 80,5% entre 2020 a 2023. Se ha trabajado con protocolos definidos, evaluados constantemente en comités, y se han incorporado nuevas tecnologías de diagnóstico y tratamiento de manera gradual, considerando siempre la equidad. La alta cobertura del sistema público (más del 80% de los pacientes) ha garantizado la igualdad en el acceso a los tratamientos para la mayoría de los niños.
Atención en regiones y apoyo a familias
– ¿Cómo se ha expandido la atención en regiones?
– El PINDA nació con una red geográfica para minimizar los viajes de las familias. Sin embargo, al ser el cáncer infantil una enfermedad rara, algunos casos muy complejos requieren un nivel de especialización tan alto que solo se pueden atender en centros muy específicos, como ocurre con los trasplantes de médula ósea.
– ¿Cómo es para los profesionales tener que dar la noticia del diagnóstico de cáncer a las familias?
– A nivel personal, dar la noticia del diagnóstico es muy difícil. Los padres reaccionan de muchas maneras, desde la negación hasta el enojo. Aunque no tenemos un apoyo psicológico formal para los profesionales, nos sostenemos mucho en el apoyo mutuo y en las conversaciones en equipos interdisciplinarios.
Colaboración Público-Privada
– ¿Existen casos en los que un niño tratado en el sistema público tenga que pasar al privado por su diagnóstico? ¿Cuál es el enlace entre ambos sistemas?
– No es un pase directo, pero existe una fuerte interconexión y colaboración entre ambos sistemas. Muchos oncólogos infantiles que trabajan en el sistema público también tienen actividad en el privado, lo que facilita la comunicación. Existen convenios para exámenes complejos, como la colaboración para realizar PET-CT, facilitada por la Fundación Nuestros Hijos en la clínica Las Condes. El caso más virtuoso de colaboración es el trasplante de médula ósea. Por ser una prestación de alta complejidad, el Hospital Calvo Mackenna es el único centro público, pero ha habido convenios con el sector privado para derivar a pacientes cuando la capacidad está saturada.